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Last Updated:3/12/02
Discurso de Horacio Serpa en reunión con los negociadores de las FARC y el gobierno Colombiano, 14 de febrero de 2002

Creo que para que esta reunión sea provechosa debemos ser supremamente claros y supremamente sinceros, es el aporte que pretendo darle al interés de Colombia que es el de la convivencia, al interés de los colombianos que es de la equidad social.

En primer término quiero señalar que está ausente el Jefe de las Farc, el señor Marulanda. Me parece que esa ausencia en nada contribuye al propósito de darle credibilidad a la lucha por la paz, a los esfuerzos por encontrar la convivencia nacional. Siempre que se invitó antes a los actores de la cosa política a deliberar aquí en Los Pozos estuvo presente el Jefe de las Farc. Esa circunstancia me parece que hay que manifestarla y dejarla bien sentada. Otra cosa, que seguro a ustedes les parece que es insustancial, pero en la cual se fija mucho la gente; es que, cuando en el año 99, en el mes de enero, comenzaron las conversaciones, lo que quedó grabado en el ánimo y en la inteligencia de la gente fue la ausencia del señor Marulanda y la presencia de los voceros de las Farc con ametralladoras. Esa es una situación que se advierte también en esta mesa, no porque yo piense que se van utilizar aquí las armas ni mucho menos, sino porque le resta mucha credibilidad realmente, lo digo con la mayor franqueza. Estar conversando sobre entendimiento sobre un propósito de paz con unas personas que tienen sobre sus piernas los fusiles es una paradoja que creo de mucha conveniencia dejar establecida.

Ahora, aquí lo que hay que hacer es abandonar la retórica; además de ser sinceros tenemos que ser supremamente realistas. El país está confundido por el pacto de Caquetania, por el Pacto de San Francisco, por la exposición de los Notables, etc. Lo que está sintiendo el pueblo colombiano es que hay masacres, que hay muertos, que hay explosiones, que se mueren los niños, en fin, que hay una tragedia terrible en el campo de orden público unida a la tragedia social tan grande que esta afectando la vida nacional.

Me parece que nos corresponde abrirle el corazón a las circunstancias que tienen que ver con el proceso. Yo quiero hacerlo, por el lado positivo, yo he venido es con el propósito de cooperar para que mi Patria tenga convivencia, para que mi Patria pueda restablecer unos parámetros de concordia que se han perdido absolutamente y que, tal como están las cosas, va a ser supremamente difícil recuperarlos. Yo quiero reafirmar mis convicciones democráticas, mis convicciones a propósito de los derechos humanos, de la lucha contra la desigualdad. Es más, ahora que hablo del pacto de Caquetania yo sigo muy convencido de que esos cuatro puntos a los que se refiere el Pacto de Caquetania son importantes para sentar las bases que nos permitan sacar adelante un propósito real de convivencia, de entendimiento, de paz.

Primero, Solución Política del Conflicto: Yo sigo pensando que es la única salida que tiene el país, la solución política negociada del conflicto armado. Yo estoy en esa posición.

En segundo término, yo estoy con las reformas sociales, yo pienso que en este país hay muchas injusticias, muchas iniquidades. Ustedes en sus planteamientos hacen unas aseveraciones en las que hay un gran contenido. El propósito general de todos los colombianos tiene que ir dirigido a lograr ese objetivo.

A mi me parece, como también quedó consignado en el pacto de Caquetania, que el paramilitarismo es una expresión perversa, ilegal, armada que está ocasionando muchísimo daño a la vida de los colombianos y son un factor de preocupación y un factor adicional de violencia. Es una situación contra la cual también tenemos que estar los Demócratas de este país.

Y un cuarto elemento, al cual no le han parado bolas las Farc, al cual yo me referido en todas y en cada una de las reuniones del denominado Frente Común cuando se convoca en la Presidencia de la República. Es el concurso de la gente, es la participación popular, es la presencia de quienes realmente están pagando el pato de esta guerra.

Les estaba comentando qué poca atención se le presta en esta mesa de negociación a la opinión pública, a la gente. No habrá nunca un proceso de paz exitoso, sino cuenta con el apoyo ciudadano. Lo he reiterado en las oportunidades en que he venido a hablar en esta mesa de negociación, por invitación del Gobierno y de las Farc. Lo he comentado permanentemente en las reuniones que hemos hechos del Frente Común, es un aspecto sobre el cual han ocurrido las peores catástrofes, porque nadie cree en el proceso.

Estaba empezando a comentarles que el proceso no goza de la más mínima credibilidad en el país, es una situación que merece un especialícimo cuidado. Nadie, ningún sector de la comunidad, ni arriba, ni abajo ni en el medio, nadie cree porque hablamos de paz permanentemente, pero también permanentemente se hace violencia, se atropella a los ciudadanos, se cometen los secuestros, se hacen asesinatos, en fin.

Entonces, hoy la credibilidad del proceso es francamente cero. Se han desaprovechado las oportunidades a partir de las cuales se generan unas sinergias, unas esperanzas, que duran escasamente 24 horas y que luego se tornan en frustración.

Primero, lo que pasó entre el 14 y el 20 de enero, allí hubo unos planteamientos; se dijo que se iba a acoger el comentario de los Notables que había la mejor intención, inmediatamente siguieron las pescas milagrosas, siguieron las bombas, los secuestros, la arrogancia por parte de las Farc y se vino abajo el ánimo de los colombianos; volvió a subir el ánimo con ocasión del día 20, en esas 48 horas tan tensionantes que ocurrieron, y, finalmente, hubo un acuerdo que muchos en el país creímos, yo lo creí sinceramente. Yo dije: Es la primera vez que se asumen comportamientos de gran importancia para buscar la paz.

Primero, se acepta la presencia de la comunidad internacional, se tiene un valor muy bien entendido en esta clase de situaciones. En segundo lugar se va a hablar de secuestro, se ha establecido un cronograma, se va a mirar como se disminuye el conflicto y se señaló la fecha del 7 de abril para ver la forma de señalar cómo es que se hace el cese de hostilidades, el cese del fuego, etc. Y el país quedó aliviado en el entendido de que a partir de esa fecha iba a cambiar la situación en el país y la situación en el proceso de paz.

Pero no cambió nada. Al contrario, en cambio de disminuirse la violencia, que es lo perverso de este proceso, así ha sido a lo largo de estos tres años, la violencia aumentó, los voceros de las Farc salieron a decir que no habían hecho ningún pacto de cese al fuego. Eso es cierto, pero aquí hay 44 millones de colombianos que tienen sentimientos, que tienen intereses, que están sin empleo, que desean vivamente encontrar un espacio para sacar adelante sus propios reconocimientos su propio estatus de vida. Esos 44 millones de colombianos pensaron que se iba a presentar una diferencia sustancial, definida en la disminución del conflicto. Eso no ocurrió. Entonces la gente se enervó, la gente está supremamente indignada y con razón una porción de esta gente está, además, intimidada. Las circunstancias las estamos viendo en las encuestas de opinión: más del 50% de los colombianos están pidiendo la guerra total, nadie cree en las bondades de este proceso. Lo que tenemos ad portas es una verdadera, una catástrofe enorme para este país. Por eso vine yo a esta reunión: para decir que lo que se avecina es supremamente traumático. Yo lo hago sobre la base de que evidentemente en esta mesa se habla, por sobre todo, del interés de los colombianos.

Y es la circunstancia a la que quiero referirme. En el mes de septiembre del año pasado quise venir aquí a la zona del Caguán a expresar unas opiniones, venir en paz, venir desde luego con unos argumentos con unas exposiciones con el propósito de colaborar de ser constructivo. Desde luego, con el fin de hacer unas críticas, porque se trata de eso. Ustedes también están haciendo unas críticas y ahora pretendo hacer una reflexión sobre ese particular. No se me dejó llegar en una actitud que yo califiqué de torpeza de las Farc y yo quiero repetirlo aquí, porque fue la forma de, en un ambiente en donde se dice que estamos todos luchando por la democracia, cerrarle la opinión a un sector de la comunidad colombiana que quería hacer conocer, desde entonces, las fragilidades del proceso.

Vamos para la guerra total, vamos para la guerra total. Ustedes dirán y lo dicen permanentemente, "claro, es culpa de la oligarquía, eso es culpa de la injusticia, eso es culpa de la explotación, eso es culpa del Partido Liberal, eso es culpa del Partido Conservador, eso es culpa de todos los gobiernos, eso es culpa de los candidatos presidenciales ".

Pero, yo pienso que hay que examinar más detenidamente el discurso, porque ya la gente no está comiendo cuento. Es cierto que hay falencias enormes en nuestra sociedad, yo estoy de acuerdo en eso, es cierto que hay muchos responsables de esta enorme situación que estamos sufriendo. Yo desde la primera vez que vine para contestarle una argumentación bastante fuerte de Raúl Reyes, dije que habría el momento de hacer los debates históricos sobre ese particular y los liberales y los demócratas estamos en disposición de hacerlo. Ese es un aspecto en el cual tenemos que trabajar todos los colombianos, de cualquier condición política, en el propósito de encontrar unas instancias que nos permitan a todos vivir en convivencia, pero hay que asumir también, por parte de ustedes, un comportamiento que haga viable una situación de esta naturaleza.

Ustedes se refieren aquí al paramilitarismo del Estado. Saben que es público, lo he reiterado mil veces, ha sido mi comportamiento siempre, yo no estoy con el paramilitarismo, yo estoy contra el paramilitarismo. Repito que el paramilitarismo me parece una expresión perversa que para nada lucha por la dmocracia del pueblo colombiano.

Les estaba haciendo referencia a las propuestas de las Farc para la disminución de intensidad del conflicto y al argumentar, a propósito de la necesidad de una doctrina de seguridad democrática. Hacía referencias al fenómeno del paramilitarismo y al rechazarlo decía, lo dije también en esta misma mesa hace un año, que muchas personas propician el paramilitarismo en el país, lo financian, lo estimulan, lo aplauden, consideran que es un remedio efectivo para acabar con las actividades que viene cumpliendo la guerrilla en Colombia. Decía también que ustedes, la guerrilla, auspician el paramilitarismo no hay duda, sobre eso no se pueden seguir engañando. En primer término uno ve que el paramilitarismo es una fuerza que ha tomado un vigor extraordinario por todas estas circunstancias, además porque se financian también con el narcotráfico; cada asesinato, cada secuestro, cada extorsión que comete las Farc, que comete el Eln, que comete cualquier agrupación guerrillera o aún la delincuencia común incrementa el paramilitarismo. Ese puede ser un pretexto o una forma de actuar de algunos, pero lo cierto es que mucha gente acude a incrementar esa expresión del paramilitarismo, a financiarlo y a dar lugar a que sigan creciendo las fuerzas de Castaño y las otras fuerzas paramilitares sobre la base de la actividad que cumple la guerrilla.

Ustedes anotan aquí una frase que voy a leer textualmente:

"El paramilitarismo provoca asesinatos selectivos, masacres, desplazamientos forzados, desalojos, expropiación y repoblación con bandas de paramilitares de tierras rurales y urbanas de los desalojados, amenazas contra los dirigentes de organizaciones populares, desapariciones, sobornos, exilios, narcotráfico, inmovilidad de las fuerzas sociales que propugnan por cambios democráticos y terror generalizado".

Eso es cierto, eso lo hace el paramilitarismo, pero ustedes hacen exactamente lo mismo, ustedes también hacen masacres, provocan desplazamientos, asesinatos selectivos, desalojos, expropiaciones, exilios, narcotráfico. Eso es cierto.

Las Farc se alimentan económicamente de la actividad de vigilancia que cumplen en algunas zonas del país sobre los cultivos ilícitos y aún hay afirmaciones de que han avanzado en otros estadios de la actividad del narcotráfico. Entonces, esa circunstancia tiene que autoanalizarse porque el país la está estudiando, el país la está analizando, por eso el rechazo del país a este proceso y a las pretensiones de lograr la paz, por eso cada vez que algún colombiano habla de paz, cada vez uno mismo habla de paz la gente lo rechaza y en eso hay un sentimiento que tiene muy claras explicaciones, que yo no me atrevo a calificar de desmedidas. Eso es cierto.

Ustedes hablan aquí en este capítulo de la reducción del gasto militar, ¿Quién va a hablar en estos momentos de la reducción del gasto militar? Frente a esta embestida de violencia tan tremenda que están haciendo las Farc, entonces uno tiene que ponerle sindéresis a la lucha por la paz, yo pienso que esa es una circunstancia evidente.

Antonio Losada hablaba de los derechos humanos, cierto. Aquí se violan los derechos humanos y es una vergüenza. Aquí hay una catástrofe humanitaria tremenda en este país, es cierto, aquí hay que descriminalizar la protesta social. Es cierto, a la Unión Patriótica la desmantelaron a balazos también en una actitud y en un comportamiento de desenfreno y de maledicencia y de criminalidad absoluta y eso pues no puede volver a ocurrir en este país. Pero ustedes también lesionan los derechos humanos, esa es una circunstancia evidente, es una circunstancia cierta, es una situación que es palpable, que se conoce en el país, que ya la conocen en el nivel de lo internacional.

Hablaba Simón Trinidad de los desastres del neoliberalismo. Estoy de acuerdo, hay que sepultar el neoliberalismo, hay que aplicar unas teorías que tengan un fundamento social. El mercado como parámetro para establecer las relaciones económicas y sociales en Colombia es un absurdo, nosotros somos un país en donde el Estado tiene que cumplir una tarea fundamental y se ha desmantelado el campo, y se ha venido abajo la economía, y se ha propiciado el desempleo, y hay la quiebra de la pequeña y de la mediana industria y tenemos una economía en recesión.

Pero convengan ustedes en que la violencia es causa propiciatoria también de esta situación. Mientras no se pueda invertir en Colombia, nuestra economía va a estar en una muy mala situación, mientras sigan los secuestros contra los empresarios, mientras se sigan destruyendo los bienes públicos, destruir las torres de energía, que le ha costado sangre, sudor y lágrimas al país y al pueblo para construirlas, destruir el puente del Alcaraván, etc. Eso es una cosa increíble, pretender atentar contra el acueducto de la ciudad de Bogotá, para dejar sin agua a 7 millones de colombianos o hacer lo que hizo la guerrilla del Eln, según la afirmación de los medios de comunicación, con el acueducto de Pailitas, pues eso es una desgracia supremamente grande. Por supuesto que el Estado tiene que cumplir una actividad de protección de los derechos, de asegurarle la vida a todos los colombianos. El Estado no puede permitir que nadie en sus filas atente contra el interés de ningún colombiano. Sobre ese particular hay mucho por hacer, y en ese aspecto sus afirmaciones tienen un importante valor, pero hay que examinar también las circunstancias que tienen que ver con los temas a los que estoy haciendo referencia.

La suspensión de la extradición de nacionales es un tema que, seguramente, va volver a debatirse en el país, pero no hay que olvidar que ésta es una circunstancia que esta atada al asunto del narcotráfico. El narcotráfico está devastando a Colombia. El narcotráfico es una actividad perversa que está lesionando enormemente la vida colombiana y como se trata de decir la verdad, lo cierto es que este conflicto que tenemos no sería tan grande ni tan fuerte. Seguramente, ya se habría podido superar sobre bases mucho más altruistas sino fuera porque las fuerzas que están alzadas en armas contra el Estado o que están asumiendo un comportamiento ilegal se están financiando también con actividades del narcotráfico. Eso es evidente, eso es cierto, eso hay que analizarlo, aquí lo que se necesita es que todos pongamos las cartas sobre la mesa. El establecimiento también, los políticos también, tenemos muchísimo que corregir, yo pienso que hay que hacerlo, pero es una actitud que corresponde hacer a todos.

La corrupción. Sí, hay corrupción. Hay que luchar contra los corruptos y hay que encarcelarlos y hay que asumir un comportamiento serio y fuerte contra los políticos de cualquier partido, contra quienes desde la empresa privada también hacen corrupción, contra quienes se quedan con los dineros del Estado, pero ustedes también se quedan con dineros del Estado. Yo he escuchado a muchos alcaldes y a muchos concejales de este país que me hablan de las convocatorias que les hacen o los paramilitares o las Farc o el Eln para que distraigan parte de su presupuesto en el sostenimiento de las actividades subversivas. Eso también es corrupción. Ese es un comportamiento que también lesiona el interés de los colombianos. Porque, cuando un político se roba una plata se deja de hacer una escuela, pues también cuando las Farc se queda con una plata del Estado, se deja de hacer otra escuela y esa es una situación que hay que analizar.

Ustedes comentan circunstancias relacionadas con el Plan Colombia y claro ahí hay mucho para trabajar. Yo siempre he sostenido que se necesita el componente de lo social, pero vuelvo a manifestarles lo que les comenté antes, lo que tiene que ver con la cuestión militar y el comportamiento de la fuerza pública está relacionado directamente con la intensidad del conflicto, con las estrategias que en el campo de la guerra se vienen cumpliendo por parte de quienes están en contra de lo institucional. Es que lo perverso de esta guerra es que en la medida en que una de las partes que esta interviniendo en ella se hace más fuerte y la otra tiene que conseguir más dinero para comprar más armamento y, en fin, ésta es una situación de nunca acabar como no sea cuando se acabe el país. ¿Eso es lo que queremos, que se acabe el país? Yo pienso que no, yo pienso que todos los colombianos queremos es que Colombia sea una Patria en la cual podamos vivir mejor.

Ustedes plantean con mucha razón por ejemplo lo de los medios de comunicación. Yo también tengo severas observaciones sobre los medios de comunicación. Yo no estoy de acuerdo con que los medios de comunicación queden en manos de dos grandes grupos económicos. A mí me parece que esa es una situación que lesiona la expresión democrática. Ahí hay mucho por hacer como lo que tiene que ver con la parte económica y con la parte social que ustedes plantean. Incluso, cuando hablan del subsidio para los desempleados, estoy de acuerdo. Ahí hay una situación absolutamente deplorable. El Estado tiene que asumir un comportamiento. Yo comparto la inquietud del seguro de desempleo, pero bastante del planteamiento que se hace en materia de la solución. También hay que decir otra gran verdad: la mejor medida contra el desempleo es hacer la paz. Ahora que viene la guerra atroz, que viene la guerra sin cuartel, que viene la guerra total ¿Qué es lo que va a pasar? Que se va a desmantelar totalmente la economía, que se va a dejar de producir, que no va a llegar una sola inversión extranjera, que los capitalistas extranjeros se van a ir, ¿Quiénes pagan el pato? Los pobres, la clase media porque van a perder sus empleos. La sola circunstancia del anuncio de tregua, de que la guerrilla colombiana va a suspender las actividades bélicas, que no habrá asaltos, que no van a suceder secuestros, que no habrá extorsiones, todo lo que se acaba de mencionar, eso le da un oxígeno enorme a nuestra economía, eso es lo que propicia el mejor de los subsidios para los desempleados, que es la oportunidad para trabajar.

¿Por qué yo digo esto? Porque quiero sencillamente decir que hay fragilidades por fuera de lo que se esta discutiendo en esta mesa. Si yo reitero, hay muchísimas fragilidades y hay pésimos comportamientos en los partidos y en la política y hay iniquidad y hay privilegios y hay falta de solidaridad y hay sectores supremamente egoístas en este país. Todo eso tiene que mejorarse para encontrar la paz, yo lo entiendo, pero tenemos que empezar por alguna parte. No podemos seguir en este círculo vicioso de que hay guerrilla porque hay iniquidad, pero hay iniquidad y se acrecienta porque hay guerrilla, entonces rompámoslo buscando una posibilidad de entendimiento, buscando unas perspectivas de avenimiento nacional que eviten esta guerra atroz. Yo si quiero hacer un llamado muy grande a todos los que están en esta mesa, al Gobierno también, porque aquí ha habido un genocidio social del cual hay que fijar unas responsabilidades al Gobierno del Presidente Pastrana, porque aunque durante su gobierno no se creó la pobreza, ni la desigualdad, según sus propios informes de la semana anterior, esto se ha acrecentado por no sé cuantas veces.

Entonces hay que asumir unas actitudes, hay que asumir unos comportamientos y la posibilidad es ahora. Esto ya no se puede aplazar más, siempre hemos dicho hay que hacer un esfuerzo adicional, pues ahora si hay que jugarse los restos, todos, yo no me vengo a exculpar, yo sé que mi partido también tiene que hacer rectificaciones, yo sé que la clase política tiene que hacer enormes rectificaciones y la clase empresarial y este gobierno y los anteriores gobiernos, tampoco quiero decir que este es el único gobierno responsable, es que hemos venido acumulando una serie de factores que imponen una rectificación general y hay la oportunidad.

Aquí se ha hablado del 7 de abril. Nadie piensa en el 7 de abril, tal vez los que estamos en esta mesa no más, pero podemos conseguir que el país examine cuál es la perspectiva de la guerra. Ustedes son las personas que desde luego sé que no le tienen miedo a la guerra, están en la guerra, pero yo me pregunto, yo hago cavilaciones. Las Farc, o quienes están en la guerra, tienen una manera muy particular de ver la guerra, ustedes están aquí en la inmensidad de la selva, tienen que confrontar a los paramilitares y al ejército, y muchos de los que están militando en las filas pierden la vida y lo mismo pasa en el ejército. Pero hay un sector que es el más vulnerable de todos, que es la gente, la gente siente también los rigores de la guerra. Este rechazo tremendo al proceso, éste rechazo a los que estamos de alguna manera vinculados a la solución política del conflicto se debe a que la gente esta sintiendo en su estómago y en su bolsillo los avatares de la guerra y eso que la guerra total multiplica por no sé cuántos números esta desgracia que tenemos ahora. La gente está desesperada, la gente está atemorizada, la gente piensa, equivocadamente, que es el momento de definir al costo que fuere una situación, y el costo es la destrucción de Colombia.

Estoy supremamente convencido de que ésta sí es la última oportunidad, la oportunidad de aprovechar la presencia de los países amigos, es importante aprovechar la presencia de la iglesia, es importante aprovechar la presencia de las Naciones Unidas, hay muchos sectores de Colombia que aún están pensando en la paz, pero esos sectores se pueden también perder en el proceso y hay que trabajar entonces en la reducción del conflicto. A mí me parece que hay que asumir unos comportamientos a título de un acuerdo humanitario, que hay que suspender los secuestros. Eso no se puede mantener así.

¿Qué pasa con la gente que esta secuestrada? Ahí hay unos militares y unos policías, ahí están unos parlamentarios, unos ex gobernadores, hay una cantidad enorme de empresarios. Hay que asumir una actitud y un comportamiento que le brinde un respaldo a la ciudadanía, porque todo el mundo le perdió el respeto a este proceso y empieza a entronizarse el tema de la "Guerra Total".

Yo pienso que lo que todos tenemos que hacer, pero las Farc también tiene que hacerlo, es asumir un cambio de actitud. De lo contrario, este proceso no va a ninguna parte. Yo pienso que las Farc tiene una obligación muy importante y señalarle al país, poder convencer al país de que sí quieren evidentemente la paz. La gente no cree, uno tampoco cree ya, yo pienso que hay que tener entonces una actitud diferente, un esfuerzo desesperado por lograr eso. Y en segundo lugar, el gobierno tiene que conquistar otra vez el país para los propósitos de la reconciliación, para los propósitos de la solución política. Yo soy de las personas que quiere estar en ese contingente, que quiere estar al lado de esa lucha. Yo sigo pensando en las bondades de la solución política, pero no en este proceso, que no ofrece ninguna solución, que no ofrece ningún resultado, esto tiene que recibir ya una inyección de confianza que sólo se consigue con ese cambio de actitud al cual yo hago referencia, al cual hizo referencia también el Gobierno. No se pueden seguir tomando las poblaciones, no es posible que se siga un proceso de paz, sin empezar la negociación. Este proceso de paz lleva tres años y no ha empezado a negociar absolutamente nada, entonces eso hay que examinarlo detenidamente.

Y hay otra situación que la digo ya para terminar y es que aquí se esta jugando la continuidad del proceso. Si de verdad estamos casados con la solución política tenemos que propugnar por la continuidad del proceso. Aquí están conmigo muy importantes aspirantes a la Presidencia de la República, hay otros que no están aquí, cada quien tiene una opinión particular. Yo respeto todas. Hay unas que me dan miedo, porque es la invitación a la guerra, a la guerra total, a la guerra desastrosa. Yo me voy a oponer resueltamente, a cualquier costo, a ese comportamiento porque es una agresión notable contra los intereses del país.

Yo aspiro a la Presidencia de la República y yo, siendo Presidente de la República, a este proceso así como está no le daría continuidad. Lo digo con toda franqueza. Me la he jugado con el proceso, costos políticos enormes. No importa, pienso en el país. Pero me parece absolutamente inconveniente meter al nuevo Gobierno en este proceso "escachalandrado", en este proceso que no tiene ninguna perspectiva, pero hay la oportunidad.

Yo voy a esperar el 7 de abril al lado de la gente, de los que creen en mí en las calles para asumir un comportamiento. Pero digo así como está este proceso no sirve ni puede tener continuidad. Yo pienso que se necesita ese cambio de actitud.

Ahora, yo voy a gobernar con una doctrina de seguridad democrática, de fuerza democrática. Cuando yo hablo de la solución política del conflicto no renuncio a que el Estado tenga que confrontarlos a ustedes y que tenga que confrontar a los paramilitares. Eso corresponde no solamente al cumplimiento de un deber, sino a lo que está señalado en la propia Constitución Nacional. Pero si yo recibo un proceso de paz con perspectivas de futuro, yo me la juego al lado de la solución política del conflicto y yo soy capaz de convencer al país de la importancia de respaldarlo y de seguir contando con el apoyo de la iglesia católica colombiana y de convencer a las otras iglesias para que se metan también en este proceso y de convencer a la comunidad internacional y a los Estados Unidos y de buscar que los empresarios también se casen con un proceso que ofrezcan perspectivas.

A mí me parece que eso vale la pena, que eso justifica realmente una acción del Gobierno.

Ahora, si eso no ocurre yo lo dije desde el otro día en el Puente de Boyacá, yo sé que como es una situación de esta naturaleza. Nunca voy a abandonar la lucha por lo social, con ustedes o sin ustedes yo voy a hacer la lucha por lo social. Si la guerrilla no quiere vincularse a un procedimiento de paz, el país tiene que seguir, el país no se puede hundir. Ustedes van a tener en mí a un adversario que va a utilizar la fuerza pública para combatirlos hasta derrotarlos, porque ese es el cumplimiento del deber. Yo no quiero un holocausto en este país, yo lo que quiero es tener la oportunidad de evitar la guerra total, voy a luchar fuertemente contra eso, voy a luchar también fuertemente contra el paramilitarismo, voy a luchar contra el narcotráfico, voy a ver de qué manera corregimos las actuaciones que hasta el momento son unas falencias que pesan grandemente sobre lo que se denomina el establecimiento, pero yo si quiero pedirles a ustedes, a las Farc y al gobierno, miren queda poco tiempo, no metamos al país en el holocausto de la guerra, eso no le sirve a nadie. Ustedes en las Farc tienen que entender cuál es el sentimiento de la gente, ustedes tienen que haberlo percibido, no sigan poniéndose en contra de la realidad de Colombia, después la Colombia destruida, la Colombia marginada, el holocausto de Colombia no va servir para nadie.

Esas son las circunstancias que yo quería anotar.

As of March 12, 2002, this document was also available online at http://eltiempo.terra.com.co/14-02-2002/ppaz171445.html
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