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Last Updated:11/25/02
Speech by U.S. Ambassador to Colombia Anne Patterson, November 21, 2002
Discurso de la Embajadora Anne W. Patterson ante Fedegán

Es un placer estar en Cartagena y agradezco la oportunidad de hablar con ustedes.

El gobierno y el pueblo de Estados Unidos entienden la importancia de los ganaderos de Colombia y los desafíos que enfrentan. Hace 30 años los gobiernos de Colombia y Estados Unidos iniciaron una colaboración tripartita con Fedegán al firmar el primer acuerdo entre nuestro Departamento de Agricultura y su Ministerio de Agricultura para combatir la fiebre aftosa, la mayor amenaza para la ganadería aquí y en el mundo. A través de los años, este programa se ha extendido para llevar a cabo la visión de una Colombia libre de aftosa. Con el liderazgo y los recursos de Fedegán, esta visión está en camino de convertirse en una realidad.

Hoy por hoy, nuestro Departamento de Agricultura continúa financiando la supervisión del programa contra la fiebre aftosa y la estomatitis vesicular. Ha destacado a nuestra Embajada a dos de sus expertos sobre el tema. Continuaremos colaborando con ustedes para proteger la industria cárnica. Como parte de este esfuerzo, buscamos que las áreas donde se ha erradicado la aftosa sean declaradas zonas libres de enfermedad. También estamos capacitando a los inspectores cárnicos colombianos. Esto ayudará en forma significativa a que aumenten las exportaciones de carne de res.

Otro desafío para la industria ganadera en Colombia es la baja demanda nacional de sus productos. El consumo está por debajo del promedio en América Latina. El crecimiento de la economía y de los ingresos es esencial para aumentar el consumo de productos cárnicos y lecheros en Colombia.

En Estados Unidos hemos notado que los programas de asistencia para los escolares y la población más pobre también son esenciales para incrementar la demanda de productos de alto valor como la carne y la leche. Actualmente nuestro gobierno participa en una iniciativa internacional denominada Alimentos para los Escolares. Estamos dispuestos a colaborar con Fedegán y el gobierno colombiano para desarrollar un proyecto similar en Colombia.

Un elemento importante para el crecimiento de la economía colombiana es el acceso al mercado estadounidense. Consciente del liderazgo económico del Presidente Uribe, el Presidente Bush firmó las certificaciones finales para que Colombia reciba los mayores beneficios de la nueva Ley de Preferencias Arancelarias Andina (ATPA). Entre los nuevos beneficios de este programa se encuentra la liberación de aranceles para ciertos productos de cuero, en particular los manufacturados en Colombia. La apertura del nuevo mercado podría tener efectos secundarios significativos, como incrementar la demanda de cuero en bruto. Este nuevo programa, el cual vence a principios de 2006, está diseñado para conducir a un acuerdo de libre comercio en la región.

Un acuerdo de libre comercio más amplio ayudaría a la economía colombiana en general. La entrada a Estados Unidos de una amplia gama de productos libres de aranceles, le da a Colombia ventajas importantes tanto en el sector agropecuario como en el manufacturero. El sector agropecuario también se beneficiará de esta apertura, ya prevista en la propuesta de Estados Unidos ante la OMC para eliminar los subsidios agrícolas de manera contundente. El señor David Mergen, agregado agrícola de mi embajada, nos acompaña hoy. Les recomiendo ponerse en contacto con él para abordar formas cómo el gobierno de Estados Unidos puede ayudarlos a exportar hacia mi país.

Pero los miembros de Fedegán enfrentan desafíos más allá de los de su industria. Efectivamente, todos los colombianos enfrentan actualmente otra plaga, mucho más seria. Colombia enfrenta una lucha por el control del territorio nacional, la preservación de su soberanía nacional, y la protección de la democracia y de los derechos humanos. Unos 3.000 colombianos pierden la vida cada mes, por la violencia. Cada año 3.000 personas más, muchos de ellos menores, son secuestrados para exigir un rescate. Aproximadamente dos millones de personas se han visto obligadas a abandonar sus hogares huyendo de la violencia.

Hacemos lo que podemos para ayudar a Colombia. Estamos ayudando a 500.000 desplazados que huyen de los grupos armados al margen de la ley. Somos el mayor proveedor de ayuda para la población colombiana desplazada por la violencia. Sin embargo, nuestros esfuerzos sólo pueden ser paliativos mientras esos grupos violentos continúan librando la guerra contra el resto del país.

La economía ha sufrido daños significativos, no sólo por los ataques directos de estos grupos, sino también por sus efectos indirectos. Debido a la incertidumbre creada por la inseguridad, la inversión nacional y la inversión extranjera han disminuido significativamente. Lejos de ser el resultado de la pobreza, la violencia es la causa de la pobreza y del subdesarrollo.

Indiferentes al destino de la economía y del país en general, los grupos armados, cualquiera que sea su origen, cada vez más se convierten en organizaciones con ánimo de lucro. Las ganancias provenientes del narcotráfico y del secuestro alimentan a estos grupos y socavan al Estado. Queda claro que poco les importa el bienestar de Colombia, sólo les preocupa su propio bienestar.

Además, se ha vuelto difícil distinguir entre los grupos armados y los narcotraficantes. Los dos grupos más grandes, las FARC y las AUC, están profundamente involucrados en cada faceta del narcotráfico, incluyendo el cultivo, el procesamiento y el transporte. Se estima que los ingresos que derivan del narcotráfico y del secuestro ascienden a más de US$300 millones al año. Éstos ingresos, no su ideología, han sido la clave de su dramática expansión en los últimos 10 años.

Estas organizaciones florecen donde la presencia del gobierno es débil; intentan llenar el vacío donde no hay gobierno. Además de ser delincuentes, socavan la legitimidad del estado por su naturaleza. Al cumplir sus primeros 100 días, este Gobierno ya ha tomado los pasos decisivos para empezar a ejercer la autoridad nacional y restaurar el imperio de la ley por todo el territorio nacional.

El plan de la nueva estrategia de seguridad nacional es simple y claro: restaurar la presencia y la autoridad del Estado; es decir, recuperar la soberanía nacional en Colombia. Con 162 municipios que carecen de Policía, este primer paso es necesario para restaurar una presencia estatal más amplia. En mayo la Policía Nacional empezó el despliegue del primero de 64 escuadrones móviles de carabineros hacia lugares donde no había presencia del Estado. Cada escuadrón consiste de 150 hombres. Estados Unidos ayudará a equiparlos, entrenarlos y prestarles apoyo para asegurar el cumplimiento de su misión. Una vez restablecida la seguridad, el gobierno colombiano podrá ofrecer otros servicios, como educación y salud.

Como parte de la nueva estrategia de seguridad nacional, la Administración va a fomentar la participación de los colombianos de todos los estratos, dentro y fuera del gobierno, en la lucha contra el terrorismo.

Estos son pasos serios, y nadie tiene la ilusión de que esta lucha va a ser fácil.

El impuesto al patrimonio para financiar la defensa, la eliminación del subsidio a la gasolina, y la reducción de los gastos gubernamentales, son pasos dolorosos pero necesarios. Sin embargo, el Presidente Uribe está resuelto a tomar decisiones difíciles y enfrentar los problemas con decisión. Y, aún más importante, también lo está el pueblo colombiano. El Presidente y su movimiento político Primero Colombia fueron elegidos por un amplio margen y con un fuerte mandato para el cambio, aunque éste fuese doloroso. Esto sigue siendo cierto. En estos 100 días, ha sido consistente el resultado de las encuestas realizadas por El Tiempo, Caracol y otros. La última encuesta realizada por la firma Gallup, publicada en las revistas Semana y Cambio, señaló un índice del 74% a favor del Presidente. Los colombianos están listos para retomarse su país, un país donde sólo el estado democrático ejerza poder. Sólo puede haber una Colombia.

Creo que los colombianos también comprenden que la única forma de restaurar la soberanía nacional; la única forma de tener un país que valga la pena, es librando una lucha con respeto por los derechos humanos. Claramente, la Administración Uribe está de acuerdo. Y, no sólo porque el respaldo de Estados Unidos y el respeto internacional dependen de la protección de los derechos humanos. Ni porque es la forma más práctica de ganarse la continua lealtad del pueblo, sino porque es lo correcto.

Por nuestra parte, la estrategia de Estados Unidos es ayudar al gobierno de Colombia con herramientas para combatir el terrorismo y el narcotráfico, dos luchas que se han convertido en una sola. Este es un elemento esencial de nuestra política en Colombia. Para luchar contra el narcotráfico y el terrorismo, es necesario atacar simultáneamente todos los eslabones de la cadena. Para hacerlo, hemos tomado varios pasos prácticos.

Hemos ayudado en la reorganización y el entrenamiento de un batallón de las Fuerzas Especiales, que será una de las unidades especializadas para la persecución de los cabecillas terroristas.

En agosto el Presidente Bush sancionó una ley que proporciona la autorización para usar los recursos anteriormente suministrados por el Gobierno de Estados Unidos para el Plan Colombia. Dichos fondos y equipos ya no se encuentran restringidos exclusivamente a las actividades antinarcóticos; ahora también pueden emplearse contra los terroristas.

¿Qué significa esto?

Antes de entrar en vigor la nueva autorización, los recursos donados para la lucha antinarcóticos sólo se podían emplear en operaciones para capturar a un cabecilla acusado de narcoterrorismo, pero no en una operación contra un cabecilla terrorista quien era el autor intelectual de un secuestro. Ahora eso cambiará. Las fuerzas colombianas pueden hacer uso, en operaciones antiterrorismo, de los recursos donados anteriormente para operaciones antinarcóticos.

También trabajaremos con su gobierno para establecer unidades especiales de inteligencia para perseguir a los grupos armados. De hecho, un elemento central en la nueva autorización es la recolección y procesamiento de mejor inteligencia. Sin embargo, comprendemos que el narcotráfico es la base financiera de estos grupos. Por ello, el punto focal de nuestras actividades no cambia. Vamos a continuar ampliando nuestro respaldo a los esfuerzos de Colombia para destruir este comercio maligno.

Debido al apoyo de Estados Unidos, el gobierno de Colombia cuenta con nuevas aeronaves para la erradicación aérea, para destruir las plantas de coca antes de que puedan reemplazarlas.

Sin duda, la erradicación aérea ha sido el arma más fuerte contra los cultivos de coca, y por ende contra la fuente de financiación del terrorismo. En lo que va corrido de este año, se han erradicado más de 118.000 hectáreas de coca, comparadas con las 94.127 hectáreas en 2001. En el próximo año, ayudaremos al gobierno colombiano a lograr su meta de erradicar aún más. Esto se basará en los éxitos anteriores y privará a los terroristas del acceso a los ingresos del narcotráfico.

Con el apoyo de Estados Unidos, el gobierno de Colombia le está dando un devastador golpe a los cultivos de coca en Putumayo, el epicentro mundial de este cultivo. Este esfuerzo no se limita a Putumayo. En repetidas ocasiones, el Presidente ha expresado su decisión de extender la erradicación de la coca a todo el país. Los grupos violentos no van a tener ningún incentivo para desmantelarse o para negociar una paz perdurable, si las ganancias obtenidas del narcotráfico les dan el poder para sobornar al Estado y desafiar de frente a la fuerza pública.

La ayuda de Estados Unidos a Colombia ya ha tenido un impacto importante al atacar la raíz del narcotráfico: los cultivos de coca. También apoyaremos los ataques a la producción de cocaína. Hemos suministrado entrenamiento y equipos importantes a la Brigada Antinarcóticos para aumentar su movilidad. En el futuro, planeamos aumentar su efectividad.

Con el aumento de la erradicación aérea y los ataques contra los laboratorios de cocaína, creemos que tanto la Brigada Antinarcóticos como otros organismos oficiales pueden tener un mayor impacto contra el narcotráfico y, por ende, contra los terroristas.

No nos hemos olvidado de las demás fuerzas de seguridad. Hemos proporcionado 61 helicópteros a la Policía Nacional y 72 al Ejército Nacional, para operaciones antinarcóticos. Sin embargo, con el consentimiento de la Embajada, las fuerzas de seguridad ya pueden hacer uso de los helicópteros y demás equipos en operaciones antiterrorismo. Estos helicópteros le van a ofrecer a las fuerzas de seguridad colombianas la movilidad aérea necesaria.

También perseguiremos otras fuentes ilícitas de financiación. Estamos por establecer un programa de US$25 millones para fortalecer las unidades antisecuestro. En pocos días llegarán los primeros instructores de las Fuerzas Especiales estadounidenses para ayudar a entrenar a los soldados colombianos que van a proteger el oleoducto Caño Limón-Coveñas. Varios de los grupos armados han estado disputándose los ingresos por extorsión generados por dicho oleoducto. Esperamos poder ayudar a interrumpir el flujo de estos ingresos para todos.

Sin importar el origen, los colombianos con frecuencia me preguntan por qué no somos más eficientes en la eliminación o congelación de los fondos de los grupos armados. Estamos intentándolo. Nuestros dos gobiernos se están esforzando por perseguir los dineros ilícitos. En realidad, parte de dicho dinero efectivamente está en cuentas de bancos extranjeros, incluyendo algunos en Estados Unidos. Los estamos rastreando. Pero existe mucho dinero que no sale de Colombia y se queda financiando actividades terroristas. La conducta de estos grupos es exactamente igual a la de la mafia: muchos líderes se quedan con el dinero para su uso personal. Sin embargo, aún así, queda suficiente dinero para comprar armas para asesinar a los colombianos.

Trabajamos muy de cerca con varias instituciones colombianas. Hemos tenido resultados positivos en la identificación de cuentas y otras propiedades en Colombia y en el exterior. Habrá más logros en el futuro. Con la ayuda internacional, el Gobierno de Colombia ha avanzado en su identificación de las cuentas de dineros provenientes del narcotráfico y el secuestro. Sin embargo, no se debe subestimar la complejidad de esta labor ni su escala. En la Embajada creé un comité especial para que trabaje de cerca con las autoridades colombianas para investigar la red de financiación de las organizaciones terroristas colombianas.

A un nivel más amplio, el Departamento del Tesoro acaba de anunciar una nueva campaña para buscar información que conduzca al desmantelamiento de organizaciones terroristas, así como al arresto y condena de quienes han organizado o ayudado a cometer cualquier acto terrorista contra bienes o ciudadanos estadounidenses. Como parte de este programa, se ofrece una recompensa de hasta US$5 millones por información que ayude a desarticular cualquier sistema empleado para financiar a una organización terrorista.

El 31 de octubre de 2002, el Presidente Bush y el Secretario de Estado Powell designaron a las FARC, el ELN y las AUC como grupos terroristas internacionales. Las FARC y el ELN han formado parte, desde 1998, de la lista de organizaciones terroristas publicada por el Departamento de Estado. Este anuncio del Departamento del Tesoro nos da mayor poder contra sus finanzas.

Con este tipo de ataque integrado contra los grupos armados, sus fuentes de financiación y sus redes de apoyo financiero, el Gobierno colombiano puede forzarlos a desmantelarse o a negociar un proceso de paz y, con el tiempo, poner fin a sus días de bandoleros. Aunque la lucha será dura, y los tiempos difíciles, la era de las FARC, el ELN y las AUC ha pasado. Los colombianos patrióticos se unen para atacarlos desde todos los flancos.

A medida que los terroristas desaparecen, ¿cómo afectará eso nuestras relaciones? ¿Perderá interés Estados Unidos? ¡Claro que no! Colombia es un socio importante. A medida que Colombia se recupera, la relación se centrará más en los tradicionales vínculos económicos, culturales y políticos que nos unen. Al fin y al cabo, la naturaleza actual del apoyo estadounidense no fue diseñada para ser una característica permanente de nuestra política, sino una inversión de capital en una lucha a largo plazo.

Nuestra intención es ayudar a los colombianos a recuperar el control de su país y a desarrollar las herramientas para mantener dicho control. Cuando eso se haya logrado, tengo confianza en que el desarrollo y el crecimiento económico de Colombia van a ser impresionantes. Confío en que esto conllevará un enorme aumento en el comercio entre Colombia y Estados Unidos y que Fedegán se beneficiará enormemente de este comercio y de la paz y prosperidad que Colombia seguramente va a disfrutar.

Gracias por su atención.

Cartagena, Bolívar
21 de noviembre de 2002

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