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Last Updated:10/13/04

"Diluyendo las Distinciones," por Adam Isacson, El Espectador (Colombia), 10 de octubre de 2004


La relación militar entre EU y América Latina está cambiando rápidamente, a medida que la “guerra contra el terrorismo” va reemplazando a la guerra fría y la guerra contra las drogas como la misión principal de los programas de ayuda militar. El alcance de la ayuda militar dentro de nuestro hemisferio está aumentando en forma sostenida.

El gobierno estadounidense entrenó a 22.855 soldados y policías de América Latina y el Caribe en 2003. Así las Américas superan toda otra región del mundo, incluso el Medio Oriente. Esto representa un incremento de 50 por ciento sobre 2002; casi todo se debió a una duplicación del número de colombianos entrenados. Colombia ya lleva tres años como el mayor receptor mundial de entrenamiento militar estadounidense, con más entrenados que Iraq (9.210).

Gran parte de este entrenamiento fueron cursos de “infantería ligera” (light infantry), que enseña habilidades militares básicas y tradicionales como táctica de unidades pequeñas, operativos en terrenos difíciles, comunicaciones y puntería, capacidades y tácticas típicas de la contrainsurgencia al estilo del siglo XX.

La única cosa que tal vez puede reducir el monto de ayuda militar es el congelamiento de algunas categorías de esta ayuda para castigar a los países que no otorgan inmunidad de la Corte Penal Internacional al personal estadounidense. Aunque Colombia sí aprobó esta inmunidad, doce países de la región no han tomado este paso y ahora ven a millones de dólares de su ayuda militar recortados.

Mientras Estados Unidos, empujado dentro de su burocracia por el muy influyente Comando Sur, sigue los imperativos de guerra mundial antiterrorista, en las Américas se observa la repetición de un fenómeno desafortunado. EU continúa fomentando prácticas, programas y doctrinas militares tendientes a borrar la línea divisoria entre las funciones civiles y militares, en especial la creación de nuevas misiones internas para militares.

En la mayoría de las democracias duraderas, los militares –que toman decisiones dentro de una estructura jerárquica vertical– se dedican a la seguridad externa y dejan las cuestiones de seguridad interna (cuando no hay guerra civil), la política y el desarrollo a las autoridades civiles.

Pero Estados Unidos está borrando esta línea en América Latina, con una emergente doctrina antiterrorista de “soberanía eficaz”, que ve a “espacios sin gobernarse” como amenazas que requieren respuesta militar. Aunque Colombia y Perú son los únicos países en la región con grupos en la lista de terroristas que mantiene Washington, el gobierno Bush está buscando fortalecer capacidades hemisféricas de responder militarmente a amenazas internas “no tradicionales”. Estos son algunos de los principales hallazgos de Diluyendo las Distinciones, un nuevo informe que acaba de publicar mi organización, el Centro para las Políticas Internacionales, CIP, junto con dos más, la WOLA y el Grupo de Trabajo sobre Asuntos Latinoamericanos, LAWG.

As of October 13, 2004, this document was also available online at http://www.elespectador.com/2004/20041010/internacional/nota2.htm

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