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Last Updated:6/22/01

GEOGRAFÍA DEL DIÁLOGO: Entrevista con el Comandante Pablo Beltrán

Tomado del Colombiano; 01-05-2001

Por: Carlos Alberto Giraldo M.

¿Le interesa al ELN la oferta realizada por dirigentes de 15 municipios de la región esmeraldífera de Boyacá, para crear allí la Zona de Encuentro? ¿Qué análisis hacen de esa iniciativa?

En Boyacá hay mucha gente interesada en que los diálogos y la solución política prosperen, pero hay una minoría que desea echarlos a pique a como de lugar. Si la propuesta viene de los primeros, la agradecemos; pero si proviene de los segundos, más que una oferta, se trataría de otra cosa y por tanto la rechazamos.

La selección del Sur de Bolívar como sede de las dos mesas de diálogo con el ELN fue un proceso conjunto con el gobierno, que demandó muchos meses de análisis y decisión, por lo que no es racional desdeñar lo que hemos avanzado en este asunto.

Ustedes se han negado a adelantar un proceso formal de negociación con el Gobierno en el exterior. Pero, en el contexto de dificultades hoy, y ante algunas propuestas que vuelven a señalar ese camino, considerarían un diálogo en el extranjero...

Está descartado que el diálogo con el gobierno se vaya a trasladar al exterior, esa etapa ya la realizamos en los años 1999 y 2000, lo que se impone ahora es que la administración del presidente Pastrana formalice los acuerdos que ya llevan dos largos años de cocimiento, a un punto tan extremo que ya ellos se están evaporando.

Siguen aceptando ese diálogo en el exterior sólo en el caso de los sectores civiles, o tampoco...

Esta semana que pasó una delegación nuestra encabezada por Ramiro Vargas y Milton Hernández, durante el Encuentro de Estocolmo por la paz de Colombia, aprovechó para intercambiar ampliamente con sectores de la sociedad colombiana que allí fueron invitados por la sociedad civil sueca. Me parece que Nicanor Restrepo fue uno de los asistentes a esa reunión.

¿HAY VOLUNTAD POLÍTICA?

El ELN es claro en exigir una zona del Sur del Bolívar como escenario para su Convención Nacional y su diálogo. Pero la oposición de algunos sectores (paramilitares y económicos) mantiene frenada esa posibilidad. Se torna estéril, preocupante e indefinido ese tira y afloje. ¿Qué hacer?

Un proceso de diálogo como éste, entre dos partes, requiere que ambas le inviertan esfuerzos para sacarlo adelante. Nosotros hemos dialogado con la casi mayoría de las gentes que en el Sur de Bolívar y el Magdalena Medio tenían interrogantes sobre estos diálogos de paz; es más, con todos ellos hemos esbozado compromisos tendientes darnos garantías y confianza mutuas.

El gobierno ha hecho lo propio con sectores nacionales que se oponen a su política de paz y creo que con la mayoría de ellos logró un consenso que respalda el establecimiento de estas mesas de diálogo sociedad-estado-ELN. Pero no puede faltar uno que otro que se atraviese y que no hayan podido satisfacerle plenamente sus intereses.

"El día de la quema se verá el humo" dicen nuestros campesinos. Ya se requete consultó a todo el mundo, entonces ha llegado la hora de que el gobierno decida sobre la Zona de Encuentro, así haya una minoría que se le oponga. Y si dicha oposición es con la fuerza, pues no le va a contestar con discursos. Esta es la hora de ver si el humo es blanco o gris.

Los plazos se agotan, los ánimos y las voluntades se desgastan. ¿A estas alturas el ELN cree en el interés del Gobierno Pastrana de sacar adelante ese proceso de diálogo?

Este gobierno ha estado todo el tiempo oscilando entre iniciar o no una negociación con nosotros, yo creo que no puede seguir deshojando esa margarita, pienso que aún es tiempo para que se decida a expedir el Decreto sobre la Zona de Encuentro y para que se decida a confrontar a los enemigos de la paz.

Hoy el interés y la voluntad política del gobierno frente al diálogo se miden en hechos, no en nuevos anuncios. Mientras tanto este proceso seguirá en la suspensión indefinida en que lo han puesto las intolerancias de unos y las vacilaciones de otros.

El Gobierno, en cabeza de su Comisionado de Paz, cuestiona a Carlos Castaño. El presidente Pastrana dijo desde Oslo que combate al paramilitarismo. Pero, entre tanto, es justamente este fenómeno el que impide la Zona de Encuentro. ¿Qué dice el ELN sobre esas contradicciones?

De todos en Colombia es conocido que hay sectores de los militares que no acatan los que les ordena su jefe, el presidente. En Febrero pasado les ordenó hacer la Operación Bolívar en contra de los paramilitares y no capturaron ni dieron de baja ni siquiera a uno solo.

Hace una década para poder allanarle los santuarios de Tierra Alta y Valencia a los Castaño Gil, el propio Estado debió realizar una Operación directamente desde Bogotá, para que no se enteraran de ella el Ejército ni la policía de Córdoba y no les avisaran con anterioridad a los mafiosos. Solo de este modo pudieron garantizar el éxito de esa misión.

Si el gobierno se decide a confrontar a los escuadrones paramilitares debe prescindir del sector de las Fuerzas Armadas que son socios de los carteles del narcotráfico y que se oponen a una solución política del conflicto. Así resolverían la contradicción interna que los mantiene vacilantes.

Las Autodefensas Unidas de Colombia, AUC, dijeron en los últimos días que el ELN está a las puertas de sumar su proyecto político y militar a las FARC. En consecuencia, según dicen, la zona de encuentro sólo sería para el reposicionamiento político y militar de las FARC en el Norte del país. ¿Eso qué tan cierto es?

La elite que se opone a una negociación con el ELN cada vez inventa una excusa nueva para oponerse a este proceso. A principios del 99 dijo que el ELN estaba a punto de morir y que no valía la pena dialogar con él. El año pasado dijo que no se justificaba una nueva zona de distensión si iba a ser objeto de saboteo por parte de las FARC. Y ahora aparece con esta otra historia. Antes era mala la Zona de Encuentro porque las FARC se oponía y ahora es mala porque está de acuerdo con ella, entonces ¿en qué quedamos?

LAS PERSPECTIVAS.

Al presidente Pastrana le falta, en la práctica, un año y medio de gestión. ¿Tiene sentido, en términos de estabilidad política y futuro, entrar en una negociación con este Gobierno?

Aspiramos a que estas negociaciones sean un asunto de Estado que no fluctúen al ritmo de los fervores electorales, ni con los alientos de una u otra administración. Un proceso lo puede iniciar un gobierno, pero es deber del siguiente darle continuidad. O entonces, ¿con cuál Estado es la interlocución?

¿Qué reflexión hace el ELN de que dentro de la insurgencia tenga un proyecto de distensión militar elaborado cuidadosamente, con apoyo y veeduría internacional, y que, paradójicamente, sea el que mayores tropiezos tiene y el que corre más riesgo de ser abortado?

Esta paradoja puede tener varias explicaciones. En lo que ha transcurrido de este pulso con el gobierno de Bogotá nosotros hemos abordado los distintos factores de poder que están implícitos en el conflicto colombiano: desigualdades, privilegios, dinero, corrupción, coca, armas, pretensiones imperiales, etc. Y por tanto queda evidente la urgente necesidad de cambiar el país.En el debate hemos develado que esta guerra es una lucha entre dos partes, que si quieren una salida política, cada una debe disponerse a desescalar sus esfuerzos de confrontación actuales e inmediatos y encauzar esas energías hacia la transformación del país.

Nosotros hemos manifestado claramente que estamos comprometidos en ese desescalamiento del conflicto, pero la contraparte no balbucea palabras en esa misma dirección.

¿Está dispuesto el gobierno de los Estados Unidos a dejar de intervenir militarmente acá con el mal nombrado Plan Colombia? ¿Están dispuestas las Fuerzas Armadas gubernamentales a dejarse reducir y depurar? ¿Está dispuesta la elite a aceptar que exista una oposición que la cuestione? ¿Están dispuestos todos los de la otra orilla a que intentemos una solución colombiana para los cultivos de coca, que no signifique la perpetuación de los carteles, ni la fumigación de los campesinos, ni el mejoramiento de los precios de la cocaína?

Entonces, como existen interesados en que no les pongan los tema del desescalamiento y de los cambios con participación amplia de la sociedad, la vía que han encontrado para silenciar estos temas es sabotear este proceso de negociación con el ELN, porque con su desarrollo se los estaría recordando a cada momento.

Si la posibilidad del diálogo definitivamente se echa al traste por las dificultades de sobra conocidas, lo que viene no parece muy optimista. ¿Será la intensificación del conflicto?

Las guerras tienen por lógica interna un ascenso a los extremos. La solución política es lo contrario, es la búsqueda de distensión. Estamos convencidos en el ELN que lo mejor para la sociedad colombiana es lo segundo. Por eso hacemos un llamado a unirnos la mayoría que queremos la solución política, con la seguridad de que así ésta saldrá adelante.

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